11 de abril de 2011

Lo malo

La primera vez que me dije que éste podía ser un universo plagado de espinas, fue en la inauguración de un concurso. Por aquel entonces ya tenía en mi haber un par de premios. Justo ese verano, si no recuerdo mal, había ganado dos en la misma semana, cosa para mí sorprendente, y razón por la cual nunca me he jactado, creo.

En esta exposición estaba igual de contento que siempre. No me preocupaba quienes eran los ganadores, me contentaba con haber sido seleccionado. Es más, estaba recibiendo muy buenas críticas por parte del público asistente. En esas andaba, cerca de mi cuadro, acompañado por una copa de vino y una sonrisa.

Entonces llegó él. Era conocido de una íntima amiga mía. Nos saludábamos siempre que ella estaba, cuando no, él pasaba de largo. Lo achacaba a la timidez, porque aquello me sonaba. En esta ocasión se puso a mi lado. Ni me saludó ni me miró a los ojos. No lo puedes ganar todo, soltó con cierta apatía, como movido por algún conflicto interno. Permaneció unos segundos con la vista fija en las pinturas. Lo contemplé entre lo sorprendido y lo provocado, queriendo saber a qué dominios venía el comentario. Y se giró.

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