21 de marzo de 2011

Plenamente consecuente

Para lo mucho que escribo me sorprende lo poco que hablo de arte. Tal vez lo hago de una forma subconsciente, para que este no resulte un blog mono-temático. Tal vez sólo se me antoja aburrido. Prefiero construir ficciones, mundos paralelos donde dejar volar el tiempo. Desconectar de mis ideas, mi ejercicio. Tampoco creo que tenga nada relevante qué decir, la verdad. Ni dar lecciones, por supuesto.
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Aventurarme a opinar, gratuitamente, sin haber sido invitado a hacerlo, me resulta, por lo general, un acto de soberbia. Es por eso por lo que se me escapan ciertas cosas. Contemplo mi hábitat. Con tanta hipocresía a mansalva, sonrisillas insultantes. Unos te enseñan los dientes de cara y te apuñalan por la espalda. Porque la traición viene con la envida cogida de la mano. Los contratos se firman para que otros puedan especular. Las amistades son de conveniencia. Se entregan al engaño, la mentira. Con intereses aprendidos, se venden al mejor postor. Sin preocuparse por cuantos culos llevan lamidos. Sin escrúpulos. Sin mala conciencia. Es así como se forman grupos selectos, cultos, endebles. Eternamente a su favor, o en su contra. No hay término medio en esta jungla de fieras, que sólo anhelan brillar, ser estrellas del arte popular.
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Hace tiempo aprendí a ignorar la frivolidad de las inauguraciones, la poca delicadeza de aquellos que se empeñan en hacerte sentir que no eres nadie, que no existes. Intento mantenerme al margen, no contaminarme por esa vorágine de vampiros sedientos de triunfo y distinción. A mí, lo que me preocupa es poder, día a día, vivir de mi trabajo. Indagar en mis inquietudes. Evolucionar como persona. Y es que el arte, como cualquier otra actividad de la vida, debería responder a una sinceridad absoluta con uno mismo.
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No se puede perder el tiempo en hablar de tsunamis, ciudades devastadas por la guerra, la explotación infantil, los abusos, el malestar social..., si no se está comprometido con eso que se profesa. De lo contrario, ¿por qué hacerlo? ¿Porque está de moda?, ¿porque los demás también lo hacen?, ¿porque así te reconocerán, te admirarán, contarán contigo? ¿Y de qué te servirá? ¿Qué te aportará si todo es falso, si no es más que un escenario de corrupción inhabitable?
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No. No quiero levantarme una mañana, echar la vista atrás y entender que mis años no han servido de nada. Que no he aprendido en lo profesional ni en lo personal. Que he malgastado mi poco talento en algo con lo que no estaba al cien por cien implicado. Y descubrir al fin que la primera víctima de mi engaño, he sido yo.
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Por eso seguiré pintando en mi sótano aquello que me mueva por dentro, con auténtica convicción, auténtico empeño. Y no para agradar, ni para recibir elogios. Me dejaré llevar por mi curiosidad. Me dejaré sorprender por mis resultados. Y qué más dará si mi discurso está mejor o peor argumentado, si en verdad es real, coherente con lo que pienso, con lo que soy. Qué más dará si algunos pocos deciden que en el contexto de esta era mi labor no está justificada, si tan siquiera se molestan en preguntarme el por qué de su razón.
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Me abruman todos aquellos sujetos que tiñen sus lienzos de profundidad y como personas se jactan de lo contrario. Aquellos que defienden lo que no practican. Aquellos eruditos que desprecian la obra de los que no entran en su esquema, cuando hoy por hoy, todo vale; y más si ese todo es limpio, honesto, transparente.
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Así que siguiendo las indicaciones que marca mi sentido común, velaré por un empleo sano de mis aptitudes, abordando los temas que me interesen, como me interesen. Perfilando mi camino. A mi ritmo. Creyendo en mí. Plenamente consecuente.

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