13 de junio de 2009

Joaquín Artime, por Adriana Suárez Medina

La importancia de los acontecimientos insignificantes, de las escenas cotidianas, de nuestros rituales diarios como la realidad invisible de la identidad femenina.

Estancias interiores invitan a ejercer de voyeur en complicados planos que apenas permiten vislumbrar personajes, pero que dejan latente la presencia de estos. Las escenas ocurren en un halo de teatralidad, parecen suspendidas en un momento de espera. Inquietantes. Contrastan pues con la realidad de las imágenes que en apariencia relatan simples rituales de belleza o momentos de descanso. Como si algo no muy agradable estuviera a punto de suceder.

Personajes femeninos observados, que no están hechos para ser observados. Aparecen ajenos, áureos y distantes, apenas visibles. A pesar de estar inmersos en la superficialidad de sus tareas, domesticas, de culto a la belleza, no se nos exhiben. No son nuestro objeto sino el suyo. Les resbala nuestra mirada, nos dan la espalda, viven dentro del hábitat de las cosas interiores. Donde las cosas que importan no tienen importancia, simplemente un momento y un lugar en el que sólo estar y dejar escurrirse el tiempo, absorto y abducido por los quehaceres del “yo”.
Adriana Suárez Medina

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