26 de diciembre de 2014

25 de diciembre de 2014

El secreto mancha

Antes de reflexionar sobre cuáles son las informaciones sociales y políticas que no nos muestran, decido realizar un ejercicio de introspección para determinar cuáles son los aspectos referidos a mi persona que escondo con cierto celo. ¿De qué modo se compromete mi identidad si los revelase? ¿Cómo afecta al otro el descubrimiento de un secreto íntimo y ajeno?

Todo secreto supone una mancha que se esconde con el anhelo de no ser de dominio público. Su revelación no sólo ensucia al sujeto implicado, también ensucia al que maneja la información, al indagador que busca la verdad.

“El secreto mancha” ofrece un sobre negro cerrado en cuya superficie, impreso también en negro, se puede leer “guárdame el secreto”. La tinta destiñe e impregna los dedos, para no dejar indiferente al lector, el pacto se ha de producir. Una vez se abre el sobre, en el interior, un papel blanco está cubierto de carboncillo. En apariencia, el papel no presenta nada. Por detrás del folio se acumulan letras entretejiendo una red incompresible, son secretos personales que se manifiestan al unísono.

Si nos fijásemos con mayor atención en la parte blanca podríamos percibir cómo se garabatean signos mediante una sutil hendidura. Efectivamente, hay algo escrito de mi puño y letra, se trata de uno de mis secretos más íntimos –hay cincuenta distintos–, algo que por lo general no contaría o me costaría mucho admitir. Para que se revele el mensaje, se puede emplear el carboncillo restregándolo sobre el texto, y sí, de pronto se hará visible, el lector destapará el entresijo, y se quedará con las manos cubiertas de ceniza.








El secreto mancha
Joaquín Artime © 2014
50 piezas distintas.
Cartulina negra, impresión, papel hendido y carboncillo.

Sobre negro:
Cartulina negra e impresión.
5 x 5 x 1 cm.
Texto: guárdame el secreto

Papel blanco:
Folio hendido e impresión.
5 x 5 cm.

El secreto mancha - proceso















El secreto mancha
Joaquín Artime © 2014
50 piezas distintas.
Cartulina negra, impresión, papel hendido y carboncillo.

Sobre negro:
Cartulina negra e impresión.
5 x 5 x 1 cm.
Texto: guárdame el secreto

Papel blanco:
Folio hendido e impresión.
5 x 5 cm.

13 de diciembre de 2014

Encuentros en la Biblioteca - imágenes

Gracias a todos los que se acercaron ayer a conocer mi último trabajo. Hicieron de su presencia y participación un encuentro especial. Las fotos son de Francisco Santana Macías.




10 de diciembre de 2014

9 de diciembre de 2014

Catarsis. La maldición del cuerpo.


Este Viernes 12 de Diciembre a las 19.30 h. en Galería de Arte ULPGC (Rectorado. Sede Institucional de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. C/Juan de Quesada, 30) se inaugurará la exposición Catarsis. La maldición del cuerpo, una reflexión sobre el cuerpo comisariada por Adonay Bermúdez. Cuenta con los artistas Rocío Arévalo, Joaquín Artime, Acaymo S. Cuesta, Adassa Santana, Claudia Torres, Jose J. Torres y Alexis W.

La exposición permanecerá abierta hasta el 23 de Enero de 2015 en un horario de Lunes a Viernes de 09.00 a 20.00 h.

Encuentros en la Biblioteca - Joaquín Artime


Este Viernes 12 de Diciembre a las 19.00 h. en La Biblioteca y Centro de Documentación del CAAM (C/Los Balcones, 11. Las Palmas de Gran Canaria) daré una charla dentro del programa Encuentros en la Biblioteca. En ella expondré mi último trabajo sobre letanías.

8 de diciembre de 2014

Papel Engomado nº 05 - Las Palmas


Este jueves 11 de diciembre a las 20.00 h. en Galería Saro León (C/ Villavicencio, 16. Las Palmas de Gran Canaria) presentaremos el quinto número de la revista-objeto Papel Engomado. Secretos, edición dirigida por rosa mesa, trata sobre la información que se revela y la información que permanece oculta. Adassa Santana, Joaquín Artime, Josefran Santana, Hilario Álvarez, María Fernanda Hernández y rosa mesa son los artistas que participan en esta nueva entrega de color verde flúor.

4 de diciembre de 2014

No he hecho la tarea

Dar con una buena idea no siempre resulta sencillo, aun menos cuando se trabaja con fechas impuestas. "No he hecho la tarea" es una performance diseñada para cumplir con una entrega en una asignatura del Máster de Producción Artística. Después de sopesar y desechar un bosquejo detrás de otro, decido que lo más honesto es castigarme por no ser mejor creador. Para eso escojo una esquina del aula, en el suelo coloco una letanía: “no he hecho la tarea”. Cuando me sitúo de pie, completamente desnudo, mirando a la pared, el castigo se intensifica. Aislamiento, vulnerabilidad, autismo y exposición al frío. Mientras dura la clase, aproximadamente cuatro horas, mantengo la punición, lo cual supone que no verbalice una defensa sobre el proyecto –porque la defensa es la propia acción– y que me pierda las propuestas de mis compañeros. Una vez concluye la performance, el texto se transfiere a las plantas de mis pies.










No he hecho la tarea
Joaquín Artime © 2014
Performance

Símbolo, icono e indicio, por Dalia de la Rosa

Adjunto el artículo que se ha publicado hoy en The Lighting Mind:


“Escribir es lo interminable, lo incesante.”
Blanchot

A la altura de las circunstancias es la intervención del artista Joaquín Artime para la exposición colectiva comisariada por Marlon de Azambuja en el Espacio OTR  de Madrid en el marco de la feria Estampa recientemente clausurada.

El lenguaje habla a través de nosotros como una reiteración permanente y presente de forma incesante en el cuerpo como contendor de palabras. La aglomeración de su representación gráfica en el espacio se establece como reto en La vietnamita, una muestra que se desarrolla en torno a la idea de repetición, reiteración y reproductibilidad, conceptos que describen a grandes rasgos un proyecto en el que los artistas tratan de una forma u otra las nociones de reproducción benjaminiana y de resistencia asociada a la idea de la vietnamita como máquina que en el régimen franquista utilizaba el bando republicano para reproducir panfletos de resistencia.

Joaquín Artime es un artista que se vincula siempre a la eterna búsqueda de sí mismo, con un análisis obsesivamente autobiográfico, y al registro de todo aquello que le rodea. Ese afán por preservar proceso, objeto y circunstancia encontrada le convierte en un símil del testigo que le aleja de la pintura como espacialidad primigenia para convertirse en cuerpo de acción. Artime tienta constantemente los límites por la necesidad de ofrecer distintos niveles de lectura, de ahí el desarrollo que experimenta desde que comenzara a usar las letanías de forma expresiva. Éstas como cuerpos de texto escritos al revés sin espacios ni signos de puntuación comenzaron a desplegarse por diferentes superficies, cristalinas en su mayoría, pero también de forma vírica sobre objetos de uso cotidiano.

Cada una de estas intervenciones ahondaba en un texto autobiográfico, nada casual y vinculado a su tiempo más cercano, a su testimonio como sobreviviente de su propia vida. A la altura de las circunstancias quizá puede convertirse en el fin de un ciclo que empezara con la necesidad de subvertir el soporte de comunicación y trasladarse de forma expresiva a otras superficies alejadas del lienzo. Artime se está transformando en artista de acción, con un componente de performatividad que desde la pintura planteaba escenas cotidianas como acciones diarias vinculadas a formas humanas que pocas veces coincidían consigo mismo, pero que ahora con la reproducción lingüística toma la posición más honesta posible con el cuerpo y con su movimiento, siempre presente como límite y comienzo.

La letanía desarrollada sobre la pared del altillo del espacio formando una estructura en “L” no se expande intencionadamente hacia los cristales como es habitual en el artista. Esta vez no existe el juego del reflejo, de la transparencia, si no que las palabras se asientan sobre la opacidad del muro. Ésta es una contaminación contenida, una reflexión acerca del problema de la reproductibilidad, repitiendo una y otra vez el mismo canon-mantra discursivo con posiciones corporales cambiantes sujetas a una duplicidad afortunada, el empleo de 20 horas de trabajo y 20 rotuladores para escribir.

Las coincidencias no existen para Joaquín Artime, todos los encuentros que a priori se presentan como fortuitos tienen una lectura de destino tanto en su vida como en su obra. Por lo que éste –la sincronía- es el punto en el que el contexto también funciona como contenido de unos códigos lingüísticos que se plantean como soluciones de continuidad, que no pasan por la resolución si no por la conveniencia del uso antigramatical del elemento primordial del lenguaje: la fluidez comunicativa, reelaborada aquí en un muro opaco cuya medida metafórica es 20x20. ¿Llegamos aquí a la aporía de su obra? Puede que aquí se presenta un quiebre, una inviabilidad racional entre la utopía personal y el desencanto. La imposibilidad de uso, de la precisión de su lectura al revés no acerca si no que aleja. Tras la pérdida de reglas nos adentramos en un agramatismo visual y espacial que juega con el paradigma afásico del lenguaje en trance de descomposición, desarrollándolo a la inversa. El artista elimina la relación de semejanza mediante el automatismo de repetición, toma su principio en la insistencia de la cadena significante como correlativo de la existencia. Desde el lugar extrínseco –donde se sitúa el sujeto-, no representa la experiencia sino la inconsciencia como el discurso del OTRO; el propio Artime transformado en exterior de sí mismo.

Símbolo, icono e indicio son los únicos parámetros para crear una trama en el discurso. Dentro del contexto espacial se genera un monolito visual, que propone la diferencia dentro del contexto cotidiano, un símbolo, un componente de futuro como icono gráfico. Esta interacción espacial cambia algo, la forma de relacionarse con el espacio del intérprete –Artime no trata al espectador como mero observador sino como una suerte de exégeta- que imita la noción de cuerpo girando la cabeza, el cuello, la columna, siendo lo opuesto a la pasividad visual. Llegar a la relación entre las palabras A-la-altura-de-las-circunstancias supone la necesidad de eliminar los espacios y los signos de puntuación entre ellas, reducirlo literalmente al cuerpo del lenguaje. Una lógica con un simbolismo concreto y que recupera lo que en el mundo es complejo por la suma de los hechos. Artime lo que genera es, a través de la eliminación de cualquier asidero lingüístico, la evidencia de los límites, de los límites del campo visual sin opción a la dialéctica por lo que no se puede pensar ningún objeto –cuerpo de letra- fuera de su conexión con otros objetos, de tal manera que la relación entre pensamiento y lenguaje es la propuesta de significado.

La forma del discurso no está sujeto al empleo de figuras retóricas, pues la retórica implica una desviación del sentido que parte siempre de la existencia de un punto de partida o de un límite, un “grado cero”, un apartarse de la gramática que se aleja de la norma. Artime dinamita esas reglas de comunicación y utiliza el lenguaje como huella expresiva, como indicio que se posiciona en su propio grado cero, alejándose de lo inesperado y usando el shock psíquico como una categoría textual, estableciendo relaciones significativas nuevas.

Esta pieza plantea un descontexto y un desconcierto donde el intérprete, como decíamos, tiene un papel importante. Artime no disfraza la palabra de otra cosa que no sea su origen formal, sino que concibe la experiencia como la experiencia del silencio, el tránsito de una letra a otra. Así mismo, se percibe de forma literal que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” tal y como prefiguraba de forma radical Wittgestein. Esto es reconocer la totalidad del sistema de comunicación y la determinación lógica del mundo. A la altura de las circunstancias es la tautología: límite-mundo-lenguaje.