27 de abril de 2011

Licantropía y estupefacientes

Sé que las noches se ponen en la sombra de tu flequillo revuelto. Que nunca amanece en tierras exentas de suerte y frescura. Que el silencio empaña los ánimos. Que te encierras en tu cuarto de paredes vacías. Y tratas de conciliar el sueño. Pero en la vigilia de tus temores recurrentes una gramola repite las voces de quienes te han exprimido, dejando solo un cuerpo herido de sed.
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Durante horas, parece que todo está perdido en ese velo de párpados cerrados, en ese bucle de acontecimientos en exceso rumiados. Pero no hagas caso. Acalla las voces con el lucero de tu mirar de ojos abiertos. Ellos no saben actuar sin disfraz de cordero, ni existen sedantes que calmen tanta ética dañada. Si te clavan los dientes, no es tu culpa. Las fieras se sienten atraídas por, de todas las presas, las más bellas. Así que no esperes al resplandor del nuevo día. Duerme, que nadie merece tu tiempo en vela, y menos, cuando no sopla el viento.

25 de abril de 2011

Muestra de Artistas Jóvenes Plácido Fleitas 2011

Desde la Concejalía de Juventud y Cultura del Ayuntamiento de Telde (Gran Canaria), se ha vuelto a convocar la Muestra de Artistas Jóvenes Plácido Fleitas 2011. Como viene siendo habitual, los días previos a la inauguración de la exposición de los cinco artistas seleccionados, se realiza unas jornadas en torno al mundo del arte. El programa es atractivo y variado. Un marco ideal para comprobar por dónde se mueve el mundo del arte en el archipiélago canario en general, y de la isla de Gran Canaria en particular.

Este año, comienzan el Martes 26 y concluyen el Viernes 29 con la apertura de la muestra en la sala San Pedro Mártir. Yo, por haber sido uno de los artistas seleccionados en la anterior convocatoria, participaré en una mesa redonda: "Vivir del arte", el Jueves 28.

Les adjunto el programa y los invito a venir:



22 de abril de 2011

Soy tantos

En estas últimas semanas he querido hacer balance de mi trayectoria artística. Los que me leen, suelen sentir que mi ojo enfoca aquellos aspectos que me hacen daño. Lo cual no es cierto. Es mi palabra la que expulsa malos recuerdos, para alejarlos de mí. Pero les doy la razón en que, también, debería de otorgarme la oportunidad de disfrutar, de recrearme al escribir aquello que me alegra el alma. Por eso, lo he llevado a cabo.

Por cada revoltura, presento una luz. Para no alargar el proceso, he reducido la lista a cuatro hechos. Los más significativos, tal vez por ser los primeros. Los he etiquetado como microrrelatos pese a ser totalmente autobiográficos (hasta el momento sólo me he permitido el lujo de contar mi vida en esta sección: Si te digo la verdad). Y para mi sorpresa, siento que se me han quedado muchísimas historias llenas de optimismo en el tintero.

Ha sido difícil decantarme por unas y no por otras. Sobre todo, ha sido difícil no hablar de personas. Algunos han aparecido como personajes secundarios, cuando en realidad son los protagonistas de mi día a día, como Luis. Sin él, sin su fe y su apoyo, como galerista, como amigo, creo que me sentiría perdido, solo. O Elisa, a quien conocí por casualidad, y por uno de esos escasos actos de valentía, nos hemos convertido en íntimos. O Tomás. O Dalia. O Noemí. O Susana.

Son tantas cosas las que hemos compartido. Son tantos nombres los que han estado ahí, con su presencia, sus ánimos, sus palabras llenas de encanto y magia. Mi padre, que viene conmigo, me echa una mano en lo que haga falta. Mi abuela, que está convencida de tener un nieto intelectual, llega incluso a decir que erudito, y a mí me hace gracia. Ale, que si le pido ayuda ni pregunta a qué. Me tienden las manos y aprietan con afecto. Siempre al pie del cañón. En cada exposición. En cada momento.

La lista es interminable, se imaginarán. Pero todos tienen su hueco. Laura, por ser la primera que vi llorar ante una pintura, además, mía (y aún hoy, yo busco que una obra me emocione tanto). Ángela, que sabe escuchar y me regala lo que necesito. Julio Alberto, un soplo de aire fresco, de vida. Mi tía, quien se araña el pecho tratando de explicarme lo que le sucede dentro.

Aún quedan por nombrar a los incondicionales. A los que me leen. A los que participan en La letra sin fin. A las viejas amistades. A las nuevas. A los que me han visto crecer. A los que lo hacen conmigo (mi oscura Davinia, mi eterna Esther, Daida, Élida, Esteban, Dani). Sobre todo, a los que me han ayudado a continuar creciendo. A los que han apostado por mí y ahora cuelgan pedazos míos en su salón.

Y aunque yo quería especificar. Contar anécdotas, antiguos asombros. Hablar del buen trato y la ilusión, la expectativa cumplida y la dosis precisa de locura, siento que no tengo espacio, porque no es justo dividirme, y yo soy tantos.

20 de abril de 2011

Lo mejor

Entre que soy despistado, y todo me da vergüenza, si es por mí, se me volarían muchas oportunidades.

Una mañana fui a ver a Susana. Cuando entré en la tienda, mi amiga estaba liada con unos clientes, los saludé y esperé a que terminasen, ya estaban saliendo. Antes de irse, el hombre se dirigió a mí: Tú y yo nos conocemos, ¿no? La verdad es que no me sonaba de nada, y lo negué. Sí, insistió él, tú pintas. Afirmé con la boca pequeña. Es que yo tengo un cuadro tuyo. Y como la cara del hombre seguía sin sonarme, le dije que no era posible. Hombre, sí, de Stunt.

Me indicó el cuadro y me di cuenta. No me lo podía creer. Apenas nos habíamos cruzado cinco minutos hacía dos años. Todo había sido muy rápido, pero sí, entonces me vino. Sus ojos vivarachos. Su sonrisa entusiasta y satisfecha.

Me alegré un montón. En primer lugar, por haber tenido paciencia y haber sido capaz de insistir. Me hizo mucha ilusión volver a tropezarme con él. Me preguntó por lo que había hecho durante ese tiempo, le conté y le ofrecí todo lo que llevaba encima (por aquellos años siempre cargaba en la mochila con catálogos y tarjetas). Nos intercambiamos los teléfonos, los emails, y le di la dirección de mi página web y mi blog.

Al poco me mandó un correo. Desde entonces, nos solemos ver, muy de vez en cuando, a mi pesar; me gustaría que fuese más. Pero en esos pequeños ratos, hay un intercambio de energías y una comprensión brutal. Me maravilla su forma de ser, tan positiva, tan abierta a la vida. Irradia tranquilidad y calma. Sabiduría. Se preocupa por si estoy bien y sigo creando. Le siento cerca. Siempre me aconseja que enfoque mi atención en aspectos que me ayuden, refortalezcan mi persona. Y tiene razón.

En sus observaciones es coherente y audaz. Guiado por sus inquietudes, se interesa e indaga. A veces me parece que se levanta sobre el suelo, seguro, firme, y nadie y nada lo podrá derribar. Está claro que se ha ganado el más profundo de mis respetos. Y cada vez que hablamos, trato de estar a la altura, pero ante todo, ser sincero. Me lo debo. Se lo debo.

Me lee, y se sospecha que mi espíritu se ve mermado al concentrarme en lo malo. Yo le aseguro que escribo lo que escribo porque me ayuda a expulsar según qué cosas. Y es verdad. También es cierto que me cuesta teclear aspectos amables, seguramente, porque son los que para mí me quedo. En cualquier caso, por su apoyo incondicional, su atención y su anorak, lo llevo dentro, le quiero.

18 de abril de 2011

Lo peor

Mi mayor decepción no tuvo que ver con un amigo, sino con un profesor. Un año después de haber sido alumno suyo, me seleccionaron para una exposición. Por email, convocó una reunión, en ella se suponía que debíamos presentar el objeto de nuestro trabajo. Lo que me alertó fue: Quedan tres meses y hemos de trabajar para ofrecer lo mejor.

Por aquel entonces, yo andaba inmerso en mi primera individual. Cambiar el proyecto me era imposible por una cuestión de tiempo. Aquella noche dormí mal, estaba inquieto. Fui antes de la hora fijada, para hablar con él. Me recibió y no me anduve por las ramas: ¿Hay algún problema con mi obra? Me aseguró que no. Menos mal, porque no tendría tiempo para comenzar algo nuevo, le informé.

Cinco minutos después, expuse mi propuesta. Me pone muy nervioso hablar en público, y el enfoque que le di, desde luego, no fue el acertado. En seguida me llovieron críticas. Comprensibles todas ellas, hasta que el mismo profesor comenzó con un listado bien hilvanado, bastante largo, de por qué mi obra no sólo era floja, sino mala. Según él, debía de esforzarme, después de todo, yo era de todos los presentes, el único al que el jurado estuvo a punto de no escoger. Ante mi cara de sorpresa añadió: ¡Ah!, ¿no sabías que estuvimos a punto de no cogerte? Pues sí. Fue así.

Me lo sospechaba. Por eso había ido a hablar con él. Por eso le había insistido con mi pregunta, con dossier en mano. Nunca entendí por qué no fue sincero y esperó a tener público para sí ser desleal.

15 de abril de 2011

Mulier, Mulieris - Catálogo

También hoy me llegan, directos de Alicante, los catálogos de la exposición Mulier, Mulieris. Tan bonitos ellos.

Entrega de Premios - Certamen Juventud y Cultura 2010


Esta mañana se entregaron en La Casa Elder (MAC. Calle Robayna, 2. Santa Cruz de Tenerife) los premios del Certamen Juventud y Cultura 2010. Entre los ganadores, se encontraba el dibujante Guille Rancel (ganador del primer premio de comic a color y amigo de este blog con Jaque Primate), el grupo de música Aloperro, y bueno, yo, con el segundo premio en la categoría de cuentos.

En un acto rápido, sencillo y cargado de buen humor, nos entregaron el galardón. Hoy concluye la exposición de cómics y fotografías del concurso, en la misma Casa Elder. Y este sábado, en la Sala Imperfecto (Av. Anaga, 25. Santa Cruz de Tenerife), a partir de las 22.00 h., se podrá disfrutar de una selección de los grupos que se presentaron en las modalidades de banda y solista.

El libro con los cuentos y las poesías aún parece que tardará algo en salir. Aunque cada vez queda menos. De momento, ya desde el lunes, yo iré publicando mi historia ganadora, Silencio, en La letra sin fin.

Mi enhorabuena a todos los premiados.

13 de abril de 2011

La letra sin fin - Compañeras

Hoy, en La Letra sin fin, estreno con Carolina Hodgson nuestra primera historia:

"Lo intuyó desde el principio, cuando las presentaron. Se estrecharon las manos cordialmente. Se sonrieron con gentileza. Pero detrás de aquellos cristales sucios, los ojitos sumisos de María desprendían odio. Era lógico que una amargada como ella tuviese en su punto de mira a alguien tan alegre y pizpireta como Carlota. Igual que si un diabético tiene que compartir espacio y tiempo, forzosamente, con un bizcocho que cada día viste un sabor distinto ­–hoy de cacao con ribetes de chocolate blanco y azúcar espolvoreada, mañana con un glaseado de fresa salpicado con confeti de gominolas–, la situación acaba siendo insostenible."

12 de abril de 2011

Lo bueno

Nunca me he tomado los halagos demasiado en serio. No me alimentan. En absoluto. Es más, considero que pueden ser una perfecta fuente de distracción. Sólo en algunos casos se crea un idilio. Para disfrutarlos, hay que saber distinguirlos.

Me hallaba con Luis en la Stunt. Mi primera individual veía la luz sobre sus paredes. Era sábado por la mañana, habíamos hablado durante horas y nos disponíamos a cerrar. Las 13.05. Justo en ese momento, entró un adolescente de unos trece años. Apenas nos miró con el rabillo de los ojos. Luis se encogió de hombros y esperamos unos minutos más, de pie, con el candado y las llaves en la mano.

Una vez dentro, con cierta indecisión, el pibe se tomó su tiempo. Al finalizar el recorrido, pasó por delante de nosotros sin mediar una sola palabra, y se marchó. Luis me dijo: Hombre, al menos que me hubiese dado las gracias, que le podría haber pedido que viniese otro día. Ahora era yo el que se encogía de hombros. Y nos reímos.

A la semana siguiente, el muchacho volvió, en horario de sala, solo que esta vez con sus padres. Sonrojado y con la cabeza gacha, él no fue capaz de hablar. Los padres le contaron a Luis que el sábado había llegado a casa completamente entusiasmado. Había visto una exposición en una galería. Nunca antes había entrado, pero aquél día algo lo atrajo. Y lo que halló le sorprendió. Insistió en volver, porque ellos también tenían que ver aquellas pinturas. Es más, quería que comprasen un cuadro. Al mirar los precios, le indicaron al hijo que tenían que hacer cuentas. Nunca volvieron. El chico sí.

11 de abril de 2011

Lo malo

La primera vez que me dije que éste podía ser un universo plagado de espinas, fue en la inauguración de un concurso. Por aquel entonces ya tenía en mi haber un par de premios. Justo ese verano, si no recuerdo mal, había ganado dos en la misma semana, cosa para mí sorprendente, y razón por la cual nunca me he jactado, creo.

En esta exposición estaba igual de contento que siempre. No me preocupaba quienes eran los ganadores, me contentaba con haber sido seleccionado. Es más, estaba recibiendo muy buenas críticas por parte del público asistente. En esas andaba, cerca de mi cuadro, acompañado por una copa de vino y una sonrisa.

Entonces llegó él. Era conocido de una íntima amiga mía. Nos saludábamos siempre que ella estaba, cuando no, él pasaba de largo. Lo achacaba a la timidez, porque aquello me sonaba. En esta ocasión se puso a mi lado. Ni me saludó ni me miró a los ojos. No lo puedes ganar todo, soltó con cierta apatía, como movido por algún conflicto interno. Permaneció unos segundos con la vista fija en las pinturas. Lo contemplé entre lo sorprendido y lo provocado, queriendo saber a qué dominios venía el comentario. Y se giró.

4 de abril de 2011

James Joyce

"En las obras de arte, así como, en el propio artista persiste la incredulidad de tener una historia y, en el caso de tenerla, la inseguridad de que todo esté en ella."